La iniciativa de conectar Valparaíso con Hong Kong mediante un cable submarino de fibra óptica, impulsada por la estatal China Mobile, ha encendido las alarmas en Washington. La revocación de visas a altos funcionarios chilenos y la disputa entre Gabriel Boric y José Antonio Kast revelan que el proyecto no es solo tecnológico, sino profundamente geopolítico

El proyecto “Chile–China Express”, que busca unir Valparaíso con Hong Kong a través de un cable submarino, ha desatado una tormenta diplomática. Para Estados Unidos, la iniciativa representa un riesgo estratégico: la infraestructura podría ser utilizada por Beijing para interceptar comunicaciones y expandir su influencia en América Latina.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos tomó una medida inédita: revocó la Visa Waiver a tres autoridades chilenas directamente vinculadas al proyecto. Entre ellos destaca el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, uno de los principales impulsores de la iniciativa. La sanción también alcanzó a otros funcionarios del círculo cercano del presidente Gabriel Boric, lo que fue interpretado como un gesto de presión política y advertencia sobre las consecuencias de avanzar con el plan.
El canciller Alberto van Klaveren y la ministra Camila Vallejo intentaron minimizar el impacto, señalando que el proyecto aún estaba en evaluación. Sin embargo, las contradicciones dentro del propio gabinete —con el subsecretario de Telecomunicaciones, Claudio Araya, asegurando que “estábamos en la recta final”— dejaron en evidencia la falta de una estrategia clara.
Disputa política interna: Boric vs. Kast
La controversia se trasladó al terreno político. El presidente Gabriel Boric defendió la institucionalidad y aseguró que la decisión final sobre el cable quedaría en manos de su sucesor, José Antonio Kast, quien asumirá el 11 de marzo. Kast, por su parte, ha manifestado desconfianza hacia el proyecto y ha roto la transición cordial con Boric, acusando al gobierno saliente de comprometer la seguridad nacional.
Mientras Boric insiste en que Chile tiene derecho soberano a evaluar inversiones extranjeras, Kast se alinea con la postura estadounidense, subrayando que “lo que no se puede elegir son las repercusiones” de asociarse con China en un área tan sensible como las telecomunicaciones.
Desde la óptica de Washington, el caso es un ejemplo de cómo Beijing busca expandir su control sobre infraestructuras críticas en el hemisferio occidental. La revocación de visas no es un gesto menor: es una advertencia directa de que Estados Unidos no tolerará riesgos de espionaje ni vulneraciones a la seguridad regional.
La alternativa promovida por EE.UU., como el cable Humboldt en alianza con Google, ofrece una vía segura y transparente para fortalecer la conectividad sin comprometer la soberanía digital. La decisión que tome Chile marcará no solo su política tecnológica, sino también su alineamiento estratégico en un mundo cada vez más polarizado.
El caso del cable Chile–Hong Kong no es un simple proyecto de infraestructura: es un campo de batalla en la pugna tecnológica global. La revocación de visas demuestra que Estados Unidos está dispuesto a ejercer presión directa para evitar que China gane terreno en América Latina.
Chile enfrenta una decisión estratégica: optar por alianzas seguras y transparentes —como el cable Humboldt desarrollado junto a Google— o arriesgar su soberanía digital al abrir la puerta a posibles prácticas de vigilancia encubierta.
La advertencia es contundente: en el nuevo mapa geopolítico, la neutralidad tecnológica ya no existe.