El arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, invitó a vivir la Semana Santa con mayor profundidad, más allá de las tradiciones, en un contexto donde la fe y la realidad social se entrelazan en toda América Latina.

Al inicio de la Semana Santa, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa, lanzó una reflexión que trasciende lo litúrgico y apunta directamente a la realidad social y personal de los creyentes. Su mensaje no solo invita a recordar un acontecimiento histórico, sino a vivirlo como una experiencia actual y transformadora.
Durante la celebración del Domingo de Ramos, Ulloa insistió en que la pasión de Cristo no pertenece únicamente al pasado. Por el contrario, afirmó que “Cristo sigue siendo crucificado” hoy en múltiples realidades contemporáneas, como la corrupción, la violencia, la injusticia y la indiferencia social . Esta afirmación sitúa el mensaje cristiano en el centro de los problemas actuales, interpelando directamente la conciencia de la sociedad.
El arzobispo fue enfático en señalar que la Semana Santa no debe vivirse como una simple tradición o costumbre cultural. Por ello, exhortó a los fieles a hacer una pausa, detenerse verdaderamente y revisar el sentido de sus vidas, promoviendo una vivencia más profunda y auténtica de la fe . Su llamado apunta a una transformación interior que tenga impacto en el entorno social.
Tradiciones que reflejan identidad y fe
A lo largo de América Latina, la Semana Santa se vive con una riqueza cultural que combina religiosidad y tradición. Cada país aporta expresiones propias que, aunque diversas, comparten un mismo trasfondo espiritual.
En Guatemala, las calles se transforman en escenarios de color con las tradicionales alfombras de aserrín y flores que acompañan las procesiones. En México, la representación en vivo de la Pasión de Cristo reúne a miles de personas, convirtiéndose en una de las manifestaciones más multitudinarias de la fe popular.
Perú destaca por sus procesiones masivas y por la tradición culinaria centrada en el consumo de pescado durante estos días. En Bolivia, además de las celebraciones litúrgicas, se mantiene la costumbre de preparar doce platos sin carne, en referencia a los apóstoles.
En Venezuela, la religiosidad popular se expresa de manera singular con la “Quema de Judas”, un rito simbólico cargado de significado cultural. Mientras tanto, Uruguay presenta una particularidad: la Semana Santa no se reconoce oficialmente como festividad religiosa, sino como “Semana de Turismo”, reflejando su carácter laico.
En Nicaragua, las calles se llenan de procesiones, viacrucis y actividades comunitarias que combinan fervor religioso con participación popular. Por su parte, en Chile y Cuba, estas fechas se viven con recogimiento y celebraciones litúrgicas, destacando en el caso cubano un renovado impulso de las manifestaciones públicas de fe en los últimos años.
Una pregunta que interpela
Más allá de las diferencias culturales, en toda la región emerge un mismo hilo conductor: la necesidad de reflexionar, compartir y renovar la esperanza. La Semana Santa no solo convoca a recordar, sino a actuar.
En este contexto, Ulloa planteó una pregunta que resume el sentido profundo de este tiempo: ¿qué lugar ocupa cada persona en la historia de la Pasión? No como espectador, sino como protagonista capaz de transformar su realidad.
Su mensaje final es claro: vivir estos días con mayor conciencia, sensibilidad y compromiso con los demás. Porque, como advirtió, cada acto de injusticia y cada gesto de indiferencia siguen dando vigencia al significado de la cruz en el mundo actual.
Así, la Semana Santa en América Latina se presenta no solo como una tradición profundamente arraigada, sino como una oportunidad urgente para repensar la vida, fortalecer la fe y asumir un compromiso real con la sociedad.
ARCA.NEWS