
El orgullo zuliano no se explica: se siente. Se lleva en la forma de hablar, en el calor humano, en esa alegría desbordante que nos caracteriza y en la certeza de que no hay mejor tierra que aquella que nos vio nacer. Por eso, también es nuestra responsabilidad cuidarla, defenderla y no permitir que nadie, sin distinción social o política, pretenda utilizarla como baño público, ensuciarla o dañarla.
Para nadie es un secreto lo golpeada que ha sido nuestra tierra. Llevamos más de 15 años sufriendo racionamientos eléctricos, sin que parezca importar la temperatura característica de una región que, por algo, es llamada la Tierra del Sol Amada. A esto se suman la falta de agua y la incertidumbre generada por el precio del dólar, muchas veces impuesto por quienes, buscando preservar intactos sus propios recursos, poco parecen considerar cuánto afectan la economía de los demás.
Maracaibo es esa tierra donde lo imposible se hace posible, como refrescarse con un cafecito a las tres de la tarde, en medio de temperaturas que rondan los 40 °C y una sensación térmica incluso superior.
De la misma manera, es posible que se vaya la electricidad a medianoche y regrese a las seis o siete de la mañana. Pero también es posible, aunque muchos crean que se trata de una contradicción, que en medio de todos estos problemas nos preparemos para iluminar calles y plazas, para el encendido de Bella Vista y para celebrar la tradicional Feria de la Chinita, con todo lo que eso significa para nuestra identidad.
Porque en Maracaibo la Navidad siempre comienza temprano.
Más allá del descontento de un importante sector de la población, las fiestas en honor a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, nuestra Chinita, también forman parte de nuestra cultura y tradición. Además, numerosos trabajadores informales esperan estos meses y estas celebraciones para generar ingresos, cubrir sus necesidades básicas y llevar el sustento a sus hogares.
No debería convertirse este asunto únicamente en una disputa política. El problema eléctrico del Zulia no es nuevo y ha atravesado distintas administraciones.
En 2021, el entonces gobernador Manuel Rosales también fue fuertemente criticado por realizar el encendido de Bella Vista en medio de los racionamientos eléctricos. En aquel momento se argumentó públicamente que la iluminación instalada representaba un consumo reducido frente al sistema eléctrico general. Hoy sorprende ver que algunos dirigentes que respaldaban aquellas explicaciones se hacen eco de las mismas críticas que entonces rechazaban.
La coherencia política también es una forma de respeto hacia el ciudadano. No podemos condenar hoy aquello que justificábamos ayer simplemente porque cambiaron quienes ocupan el poder.
A quienes nunca han gobernado el Zulia también les corresponde actuar responsablemente. La protesta y la crítica son legítimas y necesarias en una democracia, pero el malestar ciudadano no puede convertirse en una excusa para fomentar el caos ni para perjudicar los espacios que pertenecen a todos.
Durante años se satanizó cualquier posibilidad de diálogo con el Gobierno bajo el argumento de que hacerlo significaba darle oxígeno político. Sin embargo, algunos de quienes defendieron aquella postura hoy participan en espacios de diálogo. Por eso cabe preguntarse: ¿por qué el diálogo es legítimo cuando lo practican unos y condenable cuando lo practican otros?
La misma coherencia debe aplicarse a la protesta. Salir a las calles para expresar el descontento es un derecho; destruir semáforos, dañar avenidas, quemar bienes públicos o poner a jóvenes en situaciones de riesgo es otra cosa. La defensa de una causa política nunca debería justificar la destrucción de la ciudad ni utilizar a los hijos de otras familias como instrumentos de confrontación.
Hoy quiero dejar algo claro: sí existe una profunda molestia ciudadana por la situación eléctrica y por el caos que provoca en nuestras vidas. Yo también levanto mi voz para exigir, de manera responsable, que terminen los racionamientos y que se dé celeridad a la recuperación del sistema eléctrico de nuestro estado.
Pero también digo un NO rotundo a la destrucción de los espacios públicos cuya recuperación tanto ha costado y que se financian, en buena medida, con el esfuerzo de los ciudadanos.
Me niego a volver a aquella Maracaibo oscura, destruida, triste, vacía y gris que tantas veces hemos padecido.
Los marabinos queremos una ciudad próspera, iluminada, pujante y alegre; una ciudad donde quepamos todos los que amamos a Maracaibo y estamos dispuestos a aportar nuestro granito de arena para devolverle el lugar que merece.
Desde Unidad Visión Venezuela Zulia nos sumamos a todos aquellos que trabajen por la reconstrucción de un mejor país y nos desligamos de cualquier movimiento que pretenda convertir el legítimo descontento ciudadano en destrucción de nuestros espacios o en desestabilización.
Apoyaremos a quienes quieran sumar, construir y trabajar para vivir en un país mejor, sin distinciones.
Por el Zulia vale la pena protestar. Por el Zulia vale la pena exigir. Pero, sobre todo, por el Zulia vale la pena construir.
Esther Perozo
Secretaria Regional
Unidad Visión Venezuela – Zulia
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