
Señor Director:
Sobran las palabras para describir el horror y el abatimiento en la cual nos sumimos ayer muchos que admiramos y seguíamos a Charlie Kirk, personero político conservador estadounidense que fue asesinado en pleno evento que se realizaba en un campus universitario de Utah.
El dolor y la sorpresa nos invadió y muchos se manifestaron en redes sociales alegando contra la izquierda asesina que se atrevió a tan deleznable acto. Sin embargo, entre los comentarios de la izquierda chilena -si es que los hubo, pues otros hicieron gala de un silencio absoluto- rondaba uno que me llamó especialmente la atención: en Chile esto no pasaría.
Me pareció curioso, cuando menos, tal aseveración, pues, si uno repasa la historia nacional, los asesinatos políticos han ocurrido siempre, al menos desde la Independencia del país.
Famosos son los asesinatos de los hermanos Carrera en Argentina o aquel por la espalda perpetrado en Tiltil contra Manuel Rodríguez, ordenados todos, supuestamente, por Bernardo O´Higgins. Se ha olvidado, aparentemente, el fusilamiento de Diego Portales en manos del batallón Maipo o el secuestro y ejecución de Edmundo Pérez Zukovic, político de la democracia cristiana, en tiempos de la UP.
Es que la memoria no solo es frágil, sino que también, como quiso justificar mañosamente Carlos Peña en algún momento, tendenciosamente selectiva.
¿Qué más cabe decir cuando se quiere olvidar por todos los medios el vil asesinato de Jaime Guzmán en plena democracia?
No, señoras y señores, en Chile ha ocurrido y puede volver a ocurrir. Lo acontecido en Estados Unidos solo nos recuerda que los idus de marzo siempre han sido un recurso para aquellos que miran la política desde posiciones fanáticas. Estamos en tiempos de fanáticos, no cabe duda alguna de aquello.