Chomali y Warnken: una conversación sobre lo que perdemos cuando dejamos de mirar al otro

El cardenal Fernando Chomali y el periodista Cristián Warnken conversaron en la Universidad del Desarrollo sobre soledad, educación, fe, inteligencia artificial y las fracturas de una sociedad que necesita reconstruir sus vínculos

Chomali y Warnken

Hay algo incómodo en la paradoja: mientras más conectados estamos, más difícil parece detenerse a escuchar. Desde esa tensión comenzó a desplegarse el conversatorio entre el cardenal Fernando Chomalí y el periodista Cristián Warnken en la Universidad del Desarrollo, el martes 3 de noviembre de 2026. La conversación fue pasando de los celulares a la educación, de la soledad a la fe y de la inteligencia artificial a la crisis de confianza. Temas distintos, en apariencia, pero atravesados por una misma inquietud: qué ocurre con una sociedad cuando pierde la capacidad de prestar atención al otro.

Chomali se detuvo precisamente en esa atención amenazada por el teléfono móvil, las redes sociales y la sucesión de estímulos digitales. No la planteó únicamente como un problema de concentración. En el fondo aparece la dificultad de cultivar la interioridad, hacerse preguntas sobre el sentido de la vida y desarrollar una formación moral consistente. Ante ese escenario, defendió prácticas antiguas y poco espectaculares, como leer, estudiar o meditar. La educación, sostuvo en el marco de esa reflexión, debe ir también más allá del conocimiento académico: preparar para encontrarse con personas diferentes, dialogar con otras culturas y entender la profesión desde una dimensión de responsabilidad y servicio.

La soledad y una Iglesia ante el desafío de volver a crear comunidad

La conversación llegó entonces a uno de los síntomas más silenciosos de la época: la soledad. Durante el encuentro se planteó de acuerdo al estudio del Panel Ciudadano de la Universidad del Desarrollo (UDD) sobre la percepción de soledad en Santiago, que una de cada cuatro personas en Chile declara sentirse sola. La cifra permitió a Chomali abordar el lugar que todavía pueden ocupar la fe y las comunidades religiosas como espacios de esperanza, acompañamiento y pertenencia.

Pero el diagnóstico incluyó una dificultad: aunque la espiritualidad y la oración mantienen importancia para una parte de la población, la relación con la Iglesia y con las parroquias se ha debilitado. El reto, entonces, no consiste simplemente en atraer personas a los templos, sino en revisar métodos y pedagogías para que la parroquia deje de ser percibida solo como un lugar al que se acude por un servicio y vuelva a convertirse en comunidad.

En ese camino apareció inevitablemente la herida de los abusos sexuales y el profundo daño que provocaron a las víctimas y a la credibilidad de la Iglesia. Chomali abordó también las respuestas institucionales frente a estos hechos, entre ellas las oficinas de denuncia existentes en las diócesis, las investigaciones, la derivación de casos a la justicia y la expulsión de sacerdotes. La conversación, sin embargo, llevó el problema más allá de los procedimientos. La institución carga con el desafío de recuperar una presencia pública dañada, al mismo tiempo que reivindica una historia ligada a la educación, el trabajo social y el acompañamiento de personas vulnerables.

Inteligencia artificial: la pregunta no es solo qué puede hacer, sino qué puede cambiar

La tecnología devolvió el diálogo al presente. Frente a la expansión de la IA, Chomali situó el debate en un terreno que no es únicamente técnico, sino antropológico: qué modificaciones puede introducir en la familia, la educación, el trabajo y la comprensión de la dignidad humana. En ese punto estableció una diferencia entre inteligencia artificial e inteligencia humana vinculada con la conciencia moral y con experiencias profundamente humanas como reconocer una culpa o pedir perdón.

 También surgió la preocupación por la concentración de la investigación tecnológica en grandes centros privados y por el papel que corresponde a la universidad como espacio autónomo de conocimiento, pensamiento crítico y discusión.

Warnken y Chomali fueron llevando la conversación desde esas transformaciones globales hacia heridas muy concretas de Chile. Aparecieron las experiencias posteriores al terremoto de Concepción de 2010, el encuentro con familias mapuches, familiares de detenidos desaparecidos y personas privadas de libertad, así como las consecuencias humanas del deterioro industrial del Biobío y la desaparición de antiguos oficios.

El crecimiento económico, según la reflexión desarrollada en el encuentro, resulta necesario, pero no suficiente si deja comunidades atrás. En esa misma búsqueda de vínculos se inscriben iniciativas como el acompañamiento de hijos de personas privadas de libertad desde la adolescencia con miras a favorecer su continuidad educativa, o Escritorios para Chile, que acerca a estudiantes universitarios a la realidad de niños que estudian en condiciones precarias en campamentos.

Construir un “nosotros”

Al final, la tecnología, la fe, la violencia, la educación, la segregación y la corrupción parecieron conducir a un mismo punto: la dificultad de construir un “nosotros”. La pérdida de confianza en las instituciones y el avance del individualismo obligan a preguntarse qué principios pueden todavía sostener una vida compartida.

El conversatorio entre Chomali y Warnken dejó esa interrogante abierta. Porque quizás, después de hablar de inteligencia artificial, redes sociales y grandes transformaciones sociales, el desafío termine siendo sorprendentemente humano: recuperar la atención suficiente para escuchar, cruzar las fronteras que nos separan y volver a reconocer al otro como alguien cuyo destino también nos importa.

Yosmar Herrera