El atentado en la iglesia de San Elías, atribuido a extremistas del Estado Islámico, reaviva el temor a una nueva ola de violencia sectaria en la capital de Siria

Damasco. – Una jornada de oración se convirtió en tragedia este domingo en Damasco, cuando un atacante suicida irrumpió en la iglesia ortodoxa griega de San Elías, en el barrio de Dweil’a, y detonó un chaleco explosivo tras abrir fuego contra los feligreses. El atentado dejó al menos 22 muertos y 63 heridos, según confirmaron autoridades sirias y organizaciones de derechos humanos2.
El ataque ocurrió durante la misa dominical, cuando más de 350 personas se encontraban reunidas en el templo. Testigos relataron escenas de horror: “Vi personas volar en pedazos”, declaró Issam Nasr, uno de los sobrevivientes. El sacerdote Fadi Ghattas confirmó que el agresor ingresó armado, disparó indiscriminadamente y se inmoló cuando algunos fieles intentaron detenerlo.
Aunque ningún grupo ha reivindicado el atentado, el Ministerio del Interior sirio atribuyó preliminarmente la autoría al grupo extremista Estado Islámico (EI), cuyo modus operandi coincide con lo ocurrido. Se trata del primer ataque de esta magnitud contra una iglesia en la capital siria desde la caída del expresidente Bashar al-Asad en 2024, y marca un preocupante resurgimiento de células yihadistas en la región.
El Patriarcado de Antioquía condenó enérgicamente el atentado, calificándolo como una “masacre de mártires”, y pidió a la comunidad internacional que actúe para proteger a las minorías religiosas. Gobiernos como el de Grecia y Estados Unidos también expresaron su repudio y exigieron medidas para salvaguardar los lugares de culto.
Mientras los equipos de emergencia continúan identificando a las víctimas y atendiendo a los heridos, la iglesia de San Elías —símbolo de la resiliencia cristiana en Siria— se convierte en el epicentro de un nuevo llamado global contra el extremismo religioso.