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El éxito del PC y la tarea de los nuevos intelectuales

PC

El domingo 29 de junio, muchos personeros de derecha celebraron los resultados de las primarias de la izquierda. Han hablado de que el escenario no puede ser más favorable: siendo Jeanette Jara la candidata de la izquierda, una comunista que, aunque se esfuerce, no puede esconder sus preferencias políticas, es fácil desbancar a la candidata por los compromisos terribles de cargar con una historia llena de sangre y destrucción.

Como resultado, es más que probable un próximo presidente de derecha.

Con todo, el sector debería estar mirando el cuadro de manera más amplia y no solo teniendo como límite temporal las próximas elecciones. Y, para lograrlo, aunque cueste, hacerse la pregunta de rigor es inevitable: ¿cómo es que llegó a suceder que formalmente un comunista -pues Boric lo es solo informalmente- llegara a ser candidato presidencial?

Para responder a esta pregunta debemos obligarnos a mirar hacia atrás, aunque repliquemos una y otra vez que solo debemos “mirar hacia el futuro”. Existieron atisbos más de alguna vez de problemas de convivencia civil que sirvieron a las aspiraciones comunistas. Demandas de carácter social insatisfechas por el sistema político, un crecimiento económico que no sirvió para acallar las voces críticas y una casta política que jamás dio paso a los personeros que llamaron la atención sobre la crisis, deslegitimándose como portavoces de algún tipo de solución viable.

En ese sentido, la política chilena creyó por años que con el relato empresarial bastaba, que mientras los “negritos de Harvard” siguieran haciendo MBA’s y Ph.d’s el sistema seguiría legitimándose ante la opinión pública siempre que existiera una promesa de futuro, riqueza y prosperidad. Y no fue así.

Los comunistas y socialistas de siempre estuvieron incubando esto pacientemente durante décadas, en colegios, sindicatos y universidades, y si no fuera porque Gabriel persiste en hacerse amar por medio de la democracia, ya habrían dado rienda suelta a la agenda del desastre. Pero Boric pasará a la historia como un paréntesis de locura o como un Frei Montalva: el anfitrión que comienza lo que otro viene a terminar. De la derecha depende.

De este modo, huelga ver a Jara como el próximo Allende y para detenerla hay dos cosas qué hacer. Primero, dejar las mezquindades personalistas y sentarse a la mesa para coordinar las acciones tendientes a detener esta asonada a la democracia. No importa si, al final del día, aparecen al frente o detrás en la foto, o siquiera si les llaman para ella. La prioridad es Chile. Y, segundo, mirar esto con perspectiva histórica y nacional. Ya nos decía Ernest Renan que ser una nación no solo implica mirar hacia atrás, sino también hacia adelante, y para hacerlo, debemos ser conscientes de que en el barco hay muchas personas diferentes, que piensan y miran las cosas de una manera distinta, tanto nuestro pasado como el futuro.

Ello implica, necesariamente, una cierta solidaridad intelectual para generar un relato común: muchos intelectuales nos vienen advirtiendo que al “quedarnos callados”, otros hablaron por nosotros y aprovecharon las dificultades que muchos chilenos tenían para instalarse como adalides de la nueva política progresista que venía a solucionarlo todo. En el fondo, la cuestión económica, como nos diría Alfredo Jocelyn Holt, no fue ni será suficiente.

Urge una respuesta intelectualmente convergente y bien pensada para que nunca más queden cabos sueltos que puedan utilizar estos miserables. Es la hora de los intelectuales transversales, de aquellos que, superando las peleas chicas de trinchera, vemos que la solución trasciende a nuestras pequeñas adscripciones ideológicas. Este espíritu y no el ánimo de cobrar venganza como quieren algunos o recordar lo mal que lo han hecho tales o cuales personeros políticos, es lo que debe primar.

Los diversos proyectos de Andrés Barrientos, Juan Cristóbal Demian, Jorge Sánchez y el mío propio son esfuerzos que me parecen bien encaminados e inspirados por ese espíritu. ¡A la tarea, que Chile no se va a salvar solo!

William Tapia

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