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La dolorosa lección para el progresismo

Señor Director:
Es claro que la paz entre Israel y Hamas ilumina un poco el trayecto que ha tenido en el último tiempo la humanidad. Pero estoy seguro que ciertas personas no celebran: los progresistas. Por un lado, pierden su causa de moda. La mentalidad de los justicieros sociales no puede prescindir de alguna causa mediática que les permita desfilar y hacer gala de su supuesta superioridad moral. De seguro no se demorarán en encontrar o construir otra campaña. Por otro lado, tampoco es un momento bueno para el progresismo, pues quien promovió y logró la paz fue el que para ellos es el demonio en persona: Donald Trump. Paradójico que quien ha logrado boicotear más episodios bélicos en el último tiempo no goce de una estimación distinta en las mentes “bien pensantes”. Sin embargo, quizá la más dura lección para el progresismo es que la tesis de Acemoglu y Robinson enarbolada en “El pasillo estrecho” no es cierta: la libertad, la democracia, la paz no fue resultado del sinnúmero de movimientos sociales o de las performances democráticas insulsas de personeros progresistas como Javier Bardem o el ridículo papel que ha querido jugar el presidente Gabriel Boric en instancias internacionales, sino el poder político real, puro y desnudo.
Sin duda, no es un buen momento para dárselas de progresista.

William Tapia

ARCA.NEWS

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