
Señor Director:
La historiografía más seria alude a que la historia no se repite. Sin embargo, uno se ve tentado a descreer de dicho adagio y a afirmar que, al menos, rima estruendosamente cuando nota cómo se vuelve a ciertas prácticas que algunos pensaron ingenuamente se habían acabado.
Ayer en la tarde los estudiantes, en un supuesto acto de protesta – ¿! ¿¡Quién sabe contra qué!?- se sentaron en la orilla del andén de la estación de metro Santa Ana, obstaculizando el normal funcionamiento del transporte público. Hace algunos días atrás, la Municipalidad de Santiago vio con rabia y amargura cómo su edificio sufría las consecuencias de la ingenuidad de ciertos personeros políticos de “derecha” que afirmaron que el octubrismo estaba muerto.
Como en el caso de Mark Twain, los rumores del fallecimiento octubrista fueron exagerados, y lo que para algunos son muestras de legítimo ejercicio democrático por parte de los estudiantes, en realidad demuestran que la democracia en Chile está agonizante: un sector importante de la población estima que, si no gobiernan ellos, entonces no hay democracia. Y, tal como hemos vaticinado algunos, apenas llegue a La Moneda alguien de derecha o, pretendidamente, de derecha, pondrán en ascuas al país.
Lamentablemente, una democracia no puede subsistir de esa manera. O esto se acaba de una vez y se toman cartas en el asunto, o nos conformamos con inscribir en piedra el epitafio de nuestra endeble civilidad.