En medio de crisis sociales, económicas y ambientales que exigen respuestas urgentes, el fenómeno de los therians —personas que se identifican con animales— gana visibilidad en la conversación pública. Más allá de su trasfondo psicológico e ideológico, este movimiento se convierte en una distracción que desvía la atención de los verdaderos problemas que hoy afectan a la sociedad

En los últimos años ha surgido con fuerza el fenómeno de los therians, personas que se identifican psicológica o espiritualmente con animales. Desde el punto de vista psicológico, este movimiento se explica como una forma de búsqueda de identidad, un intento de dar sentido a la propia existencia en un mundo cada vez más complejo. La ideología therian se sostiene en la idea de que la conexión con un animal interno permite alcanzar autenticidad y plenitud.
Sin embargo, esta práctica, más que aportar soluciones, abre un debate sobre la manera en que la sociedad canaliza sus inquietudes.
El problema no radica en la libertad individual de cada persona para definirse como quiera, sino en la atención mediática y social que se le otorga a estas corrientes.
En un contexto global marcado por crisis económicas, desigualdad social, violencia y precarización laboral, dedicar tiempo y espacio a fenómenos como el therianismo puede convertirse en una desviación de los problemas urgentes.
¿Qué opinan desde la psicología?
La psicología reconoce que estas identidades alternativas pueden ser válidas como expresión personal, pero también advierte que, cuando se convierten en tendencia, corren el riesgo de fomentar evasión en lugar de acción.
Desde una perspectiva ideológica, el therianismo plantea una narrativa de conexión con la naturaleza y rechazo a la lógica humana tradicional. Sin embargo, esta narrativa se queda en lo simbólico y no se traduce en cambios concretos frente a los desafíos ambientales o sociales. Es decir, mientras algunos se identifican con lobos o felinos, la deforestación avanza, las aguas se contaminan y las brechas de desigualdad se profundizan.
En definitiva, no se trata de negar la existencia de los therians ni de ridiculizar sus creencias, sino de poner en perspectiva: ¿qué tan útil es centrar la conversación pública en estas prácticas cuando hay problemas estructurales que requieren atención inmediata?
La sociedad necesita menos distracciones y más compromiso con lo tangible. La identidad animal puede ser un refugio psicológico, pero no debe convertirse en un tema prioritario frente a las crisis que afectan a millones de personas.