Cinco turistas extranjeros fallecieron en el circuito “O” del Parque Nacional Torres del Paine tras ser sorprendidos por una tormenta de nieve y vientos de casi 200 km/h. El hecho, ocurrido en el sector Los Perros, desató un amplio operativo de rescate y abrió un debate sobre la seguridad en uno de los destinos más emblemáticos del turismo chileno

Un recorrido turístico por el circuito “O” del Parque Nacional Torres del Paine, en la región de Magallanes, terminó en desastre el pasado domingo 17 de noviembre. Cinco visitantes extranjeros —provenientes de México, Alemania y Reino Unido— fallecieron tras ser sorprendidos por una violenta tormenta de nieve y viento, considerada una de las más intensas registradas en la zona.
Las ráfagas alcanzaron hasta 193 km/h, acompañadas de intensas nevadas que hicieron imposible continuar la travesía. El grupo se encontraba en el sector de Los Perros, uno de los tramos más exigentes del circuito, cuando las condiciones meteorológicas se deterioraron abruptamente.
La Corporación Nacional Forestal (CONAF), junto a Carabineros y la Fuerza Aérea, desplegó un amplio operativo de emergencia para localizar a los excursionistas y evacuar a quienes permanecían en el circuito. Los cuerpos fueron recuperados tras un complejo trabajo en la Patagonia, mientras que los sobrevivientes recibieron asistencia médica y psicológica. Como medida preventiva, se decretó el cierre temporal del tramo entre los campamentos Dickson y Paso, uno de los más transitados por quienes realizan el trekking de varios días.
La tragedia ha abierto interrogantes sobre la ausencia de guardaparques en el área del accidente y la capacidad de respuesta frente a fenómenos climáticos extremos. CONAF anunció una investigación interna para determinar posibles responsabilidades y revisar los protocolos de seguridad aplicados en el parque.
Un golpe al turismo chileno
Torres del Paine, considerado uno de los destinos naturales más emblemáticos del mundo, recibe cada año a miles de visitantes. El episodio ha sido calificado como uno de los más graves en la historia del turismo chileno, y ha reavivado el debate sobre cómo equilibrar la promoción de la aventura con la protección de la vida humana.