Vila-Matas: escribir para no aburrirse

El escritor español Enrique Vila-Matas recibe a los 78 años el Premio Nacional de las Letras Españolas, un reconocimiento a una trayectoria de más de tres décadas de libros y a una manera singular de entender la literatura como juego, libertad e interrogación permanente.

Vila-Matas: escribir para no aburrirse

La literatura ha sido para Enrique Vila-Matas algo más que un oficio: una manera de escapar del tedio y de poner la realidad bajo sospecha. Con más de treinta libros publicados, el escritor barcelonés ha sido distinguido con el Premio Nacional de las Letras Españolas, concedido por el Ministerio de Cultura de España en reconocimiento a una obra que ha dejado una huella singular en la narrativa contemporánea.

El galardón llega cuando Vila-Matas tiene 78 años y una extensa trayectoria a sus espaldas. El jurado destacó precisamente su influencia en la literatura contemporánea, así como su vínculo con la tradición de Jorge Luis Borges. También subrayó el cuestionamiento de la autoridad narrativa presente en su obra y una escritura marcada por la agudeza, el humor, el laconismo y la ironía.

La noticia encontró al escritor en uno de sus territorios habituales, la librería +Bernat, donde conversaba con el escritor Alejandro Basteiro. La comunicación inicial llegó a través de una llamada que Vila-Matas decidió no contestar porque desconfió de ella. Al otro lado estaba la Dirección General del Libro. Incluso ante la solemnidad de un Premio Nacional, el autor volvió a refugiarse en ese humor oblicuo que acompaña buena parte de su literatura.

Ese espíritu también explica su relación con la escritura. Su universo literario está poblado por autores como Jorge Luis Borges, Marguerite Duras, Robert Musil o Franz Kafka, pero para Vila-Matas escribir permanece asociado, ante todo, al juego. “Escribir es divertirse, básicamente. La literatura está ahí para no aburrirme”, explicó tras conocer el reconocimiento.

La desconfianza constituye otra pieza de su universo creativo

Al recordar los diarios de su amigo Juan Marsé, Vila-Matas contó que este le reprochaba observar la realidad como si fuese fraudulenta. Una apreciación con la que terminó coincidiendo: desconfía de la realidad, pero también de su propia escritura. De ahí que la ironía alcance incluso al autor mismo y convierta sus textos en un territorio donde prácticamente nada queda al margen del cuestionamiento.

Desde Mujer en el espejo contemplando el paisaje, publicada en 1973, hasta Canon de cámara oscura, su producción ha sido asociada con frecuencia a la metaliteratura. Vila-Matas, sin embargo, relativiza esa clasificación y rechaza que su obra sea únicamente una reflexión acerca de la escritura. Para explicarlo recurre a Miguel de Cervantes y Don Quijote: hablar de libros dentro de los libros, sostiene, no convierte necesariamente una obra en metaliteratura. Tampoco se siente cómodo con etiquetas como la autoficción. Para él, por encima de las clasificaciones, permanece simplemente la literatura.

El escritor continúa trabajando. Actualmente prepara un ensayo relacionado con una experiencia intensa que vivió el año pasado y mantiene intacta esa voluntad de borrar las fronteras entre vida, pensamiento y ficción. El Premio Nacional llega, así, no como un punto final, sino como otro episodio de una trayectoria construida desde la curiosidad, la duda y el placer de contar. Quizá ahí resida una de las claves de Vila-Matas: hacer de la literatura un espacio donde la inteligencia pueda jugar y donde, mientras existan palabras, el aburrimiento siempre tenga las de perder.

Fuente: Elaboración de ARCA.NEWS a partir de información publicada por El Mundo (España), en un artículo de Vanessa Graell, publicado el 27 de octubre de 2026.